(música de fondo para este post: "Reloj de Plastilina" por Charly García)
En algún lugar del gran muro inconcluso está la puerta,
aquella que no abriste
y que arroja su sombra de guardiana implacable en el revés de todo tu destino.
Es tan sólo una puerta clausurada en nombre del azar,
pero tiene el color de la inclemencia
y semeja una lápida donde se inscribe a cada paso lo imposible.
Acaso ahora cruja con una melodía incomparable contra el oído de tu ayer,
acaso resplandezca como un ídolo de oro bruñido por las cenizas del adiós,
acaso cada noche esté a punto de abrirse en la pared final del mismo sueño
y midas su poder contra tus ligaduras como un desdichado Ulises.
Es tan sólo un engaño,
una fabulación del viento entre los intersticios de una historia baldía,
refracciones falaces que surgen del olvido cuando lo roza la nostalgia.
Esa puerta no se abre hacia ningún retorno;
no guarda ningún molde intacto bajo el pálido rayo de la ausencia.
No regreses entonces como quien al final de un viaje erróneo
—cada etapa un espejo equivocado que te sustrajo el mundo—
descubriera el lugar donde perdió la llave y trocó por un nombre confuso la consigna.
¿Acaso cada paso que diste no cambió, como en un ajedrez,
la relación secreta de las piezas que trazaron el mapa de toda la partida?
No te acerques entonces con tu ofrenda de tierras arrasadas,
con tu cofre de brasas convertidas en piedras de expiación;
no transformes tus otros precarios paraísos en páramos y exilios,
porque también, también serán un día el muro y la añoranza.
Esa puerta es sentencia de plomo; no es pregunta.
Si consigues pasar,
encontrarás detrás, una tras otra, las puertas que elegiste.
Olga Orozco
Tal vez no era pensar...
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domingo, 4 de septiembre de 2016
(música de fondo para este post: "Ah...basta de pensar" por Luis Alberto Spinetta)
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente.
Tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.
Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.
Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
Sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.
Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.
Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente...
Idea Vilariño
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente.
Tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.
Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.
Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.
Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
Sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.
Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.
Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente...
Idea Vilariño
50 Aniversario
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domingo, 21 de agosto de 2016
(música de fondo para este post: " Zamba de mi Esperanza" por Jorge Cafrune)
Un hombre sale al patio trasero de su casa
(ahí no llega nunca el duro viento del otoño)
Tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente
y se mesa con cariño el cabello.
Aquí las canas del hambre
aquí las de aquel día en que fue héroe
entre miles de héroes
aquí las huellas del asco
las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza
las del temor
la de la inmensa alegría
las del todopoderoso conocimiento.
En el fondo del cielo luce una estrella
que él llama esperanza.
El hombre alza su copa
y bebe.
Roque Dalton
Un hombre sale al patio trasero de su casa
(ahí no llega nunca el duro viento del otoño)
Tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente
y se mesa con cariño el cabello.
Aquí las canas del hambre
aquí las de aquel día en que fue héroe
entre miles de héroes
aquí las huellas del asco
las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza
las del temor
la de la inmensa alegría
las del todopoderoso conocimiento.
En el fondo del cielo luce una estrella
que él llama esperanza.
El hombre alza su copa
y bebe.
Roque Dalton
El Error
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sábado, 16 de julio de 2016
(música de fondo para este post: "Mistake" por Moby)
El barco zarpa tan despacio que es díficil aceptar que no hay manera de detenerlo. Tan lento se mueve en el agua espesa del río que uno puede suponer que está dudando entre salir y quedarse. ¿Y si fuera ella la que vacila, y no el barco? Se despega de Buenos Aires y enfila en dirección a Colonia. En apenas una hora va a estar allá: en otro país, en otra vida. La veo irse, hasta perderla. Hay un morbo del error que hace que, además de cometerlo, uno después se lo quede mirando, como se quedan mirando los gatos las cosas que tiraron y rompieron. El paisaje de mi error es sencillo: un río inmenso, tan inmenso que la orilla opuesta no alcanza a verse, y un barco que se achica mientras fabrica distancia. Me lo quedo contemplando, como si fuera a cambiar.
Martín Kohan, "El Error" (cuento)
El barco zarpa tan despacio que es díficil aceptar que no hay manera de detenerlo. Tan lento se mueve en el agua espesa del río que uno puede suponer que está dudando entre salir y quedarse. ¿Y si fuera ella la que vacila, y no el barco? Se despega de Buenos Aires y enfila en dirección a Colonia. En apenas una hora va a estar allá: en otro país, en otra vida. La veo irse, hasta perderla. Hay un morbo del error que hace que, además de cometerlo, uno después se lo quede mirando, como se quedan mirando los gatos las cosas que tiraron y rompieron. El paisaje de mi error es sencillo: un río inmenso, tan inmenso que la orilla opuesta no alcanza a verse, y un barco que se achica mientras fabrica distancia. Me lo quedo contemplando, como si fuera a cambiar.
Martín Kohan, "El Error" (cuento)
Otoño
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viernes, 17 de junio de 2016
(música de fondo para este post: "Balada de Otoño", por Joan Manuel Serrat)
En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!
Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros...
Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.
Octavio Paz
En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!
Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros...
Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.
Octavio Paz





