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Deseo Cumplido...

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| domingo, 10 de abril de 2011
Bioy(música de fondo para este post: "No es Dios Todo lo que Reluce", por el Indio Solari)

Muchas veces a lo largo de la vida he soñado con la idea de recibir una noticia que altere mi destino. Esta imaginación procede quizá de la historia, sin duda falsa, que leí en algún almanaque popular, de aquel joven inglés, famélico y desesperado, que al llegar a la playa para suicidarse encontró una botella con el testamento del norteamericano Singer, que legaba sus millones a quien lo recogiera. Un día, en la misma puerta de casa, increíblemente el sueño se volvió realidad; pero en la versión que me deparó la suerte, desaparecen los elementos románticos: no hay botella, ni mar, ni testamento, sino un montón de papeles en la boca de un perro. Nuestros deseos por fin se cumplen de manera de persuadirnos de que más vale no desear nada.
Adolfo Bioy Casares, "Dormir al Sol"

El Deseo del Otro

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| miércoles, 29 de septiembre de 2010

(música de fondo para este post: ¿Why can't I be you?, por The Cure)

A la conciencia humana Hegel la va a caracterizar como deseo.(...) El animal también tiene deseos. ¿Qué es lo que diferencia al deseo humano del deseo animal? El deseo animal desea cosas, el deseo humano desea deseos. El deseo animal, al desear cosas, las consume, las destruye y se las come. El deseo humano, al desear deseos está deseando no algo material sino algo inmaterial. Arriesgándose, Hegel va a decir: lo que el deseo humano desea es otro deseo, lo que el deseo humano desea en realidad no es una coseidad, es una nada, no tiene entidad cósica, es el deseo del otro (...) Ahora, estos dos deseos enfrentados, ¿qué hacen? Entran necesariamente en conflicto y uno de los dos tiene que derrotar al otro ¿en qué consiste la derrota, en qué consiste el triunfo de una conciencia deseante sobre la otra conciencia deseante? Cuando los dos conciencias deseantes se encuentran una frente a la otra, la lucha es a muerte, dice Hegel, la lucha por el reconocimiento es a muerte...

José Pablo Feinmann, "¿Qué es la filosofía?"

Fruta

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| domingo, 13 de septiembre de 2009

(música de fondo para este post: "Durazno Sangrando", por Invisible)

Víctor, de la otra cuadra, no sé si lo ubican, es fanático de las peras, que va a ser hay cosas peores, le juro. Un día se lanza a caminar por las afueras del barrio y (oh, fortuna!! ) se topa con un peral, o sea, un árbol que da peras. Entusiasmado, Víctor lo examina cuidadosamente, y cuando está por concluir que no tiene frutos (¿se pregunta si no será un olmo?), en lo más alto de la copa ve asomarse, amarilla y curvilinea, una tentadora pera (y, lo raro es que hubiera sido durazno) así que hace lo que debe hacer, es decir, va por ella (por la pera...).Primero se trepa al árbol, pero no la alcanza; así que intenta con un palo, pero no la puede enganchar (el viento le mueve la rama) hasta que al final pide prestada una escalera. Empieza a subir; con cada escalón se entusiasma por la pera pero a la vez ciertos temores lo asaltan cada vez con más fuerza (chan!). Piensa que tal vez la pera no esté tan madura como se la veía desde abajo, o que después de todo tal vez no sea tan grande ni tan sabrosa... cuestión que mientras piensa en esto llega bien alto, estira la mano y cuando ya la tiene a la pera (pera para papá), pierde el equilibrio y se viene abajo como satélite sin batería (no hay hechos, hay interpretaciones). Flor de mamporro, vea. Dos meses de hospital el Víctor y todos los días todos de postre, un durazno.
 

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