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El Paseo Repentino

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| lunes, 23 de agosto de 2010
(música de fondo para este post: "Paseo Inmoral" por Gustavo Cerati)

Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura. Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.

Franz Kafka, Relatos Breves

Los que Pasan Corriendo

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| sábado, 13 de junio de 2009

(música de fondo para este post: "Running to Stand Still", por U2)

Si uno sale en la noche a pasear por una calle, y un hombre, ya visible desde lejos -pues la calle se empina ante nosotros y hay luna llena- viene corriendo en dirección a nosotros, no por eso lo agarraremos, así sea débil y esté hecho una miseria, ni aunque alguien venga corriendo y gritando detrás de él, sino que lo dejaremos seguir corriendo, ya que es de noche, y no es culpa nuestra si la calle, al claro de la luna llena, se empina ante nosotros, y aparte de todo esto, quizá esos dos hayan organizado la correría para diversión propia, quizá ambos persiguen a un tercero, quizá el primero sea injustamente perseguido, quizá el segundo quiera asesinar, y nosotros nos haríamos cómplices del asesinato, quizá ninguno de los dos sepa del otro, y cada uno corre por su propia cuenta a su cama, quizá sean sonámbulos, quizá el primero porte armas. Y por último, ¿no tenemos el derecho de estar cansados? ¿no hemos tomado tanto vino?. Nos alegramos de que tampoco veamos ya al segundo.

Franz Kafka, "Relatos Breves"
 

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