Garrotazos

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| jueves, 15 de marzo de 2012
(música de fondo para este post: "La Historia Esta", por León Gieco)

Cuando Perón cayó, yo tenía doce años. A los trece empecé a trabajar como aprendiz en uno de esos lugares de Río Negro donde envuelven manzanas para la exportación. Choice se llamaban las que iban al extranjero; standard las que quedaban en el país. Yo les ponía el sello a los cajones. Ya no me ocupaba de Perón: su nombre y el de Evita estaban prohibidos. Los diarios llamaban "tirano prófugo" al general. En los barrios pobres las viejas levantaban la vista al cielo porque esperaban un famoso avión negro que lo traería de regreso. Ese verano conocí mis primeros anarcos y rojos que discutían con los peronistas una huelga larga. Cortamos la ruta, fuimos en caravana hasta la plaza y muchos gritaban "Viva Perón, carajo". Entonces cargaron los cosacos y recibí mi primera paliza política. Yo ya había cambiado a Perón por otra causa, pero los garrotazos los recibía por peronista. Por la lancha a alcohol que casi nunca anduvo. Por las camisetas de fútbol y la carta aquella que mi madre extravió para siempre cuando llegó la Libertadora. No volví a creer en Perón, pero entiendo muy bien por qué otros necesitan hacerlo. Aunque el país sea distinto, y la felicidad esté tan lejana como el recuerdo de mi infancia al pie del limonero, en el patio de mi casa.


Osvaldo Soriano, "Cuentos de los años felices"

La Amistad y la Muerte

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| sábado, 25 de febrero de 2012



(música de fondo para este post: "Las Malas Compañias" por J.M.Serrat)





Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía desde hacía más tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidad terminante que para mí se había acabado la fiesta. "Eres el único que no puede irse", me dijo. Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos.

Gabriel García Márquez, del prólogo de "Doce Cuentos Peregrinos"

Tu Vida

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| miércoles, 15 de febrero de 2012

(música de fondo para este post: "Quedándote o Yéndote", por Luis Alberto Spinetta)

No llegues a mi sin pronunciar mi nombre
No te acerques sin que la lluvia te haya besado
Ni los iluminados te hayan respondido
Ni pequeños pájaros azules y verdes hayan volado sobre ti.

Abre la ventana que te acechaba,
Que miraba hacia adentro
y cubría tus ojos de deseos ignotos
La virtud asomará como una señal en los vitrales)
y al olvidar, al volver,
serás la misma.

Entonces no te acerques sin que cure tu mal.
Y huya tu muerte.
Yo soy tu vida.
Malentiéndeme.


Luis Alberto Spinetta, "Guitarra Negra"

No Te Mates

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| jueves, 22 de diciembre de 2011
(música de fondo para este post: "Concierto para Piano Nº1, Segundo Movimiento, por Ludwig Van Beethoven)


Carlos, tranquilizáte, el amor es eso que ves:
hoy se besa, mañana no se besa,
pasado mañana es domingo
y el lunes nadie sabe
qué sucederá .
Es inútil que te resistas
o incluso suicidarte.
No te mates, oh no te mates,
resérvate entero para las bodas
que nadie sabe cuándo llegarán,
si es que llegan.
El amor, Carlos, eres telúrico,
la noche pasó en ti,
y las represiones se van sublimando
allí dentro un barullo inefable,
rezos,
tocadiscos,
santos que se persignan,
avisos del mejor jabón,
barullo que nadie sabe
de qué, para qué.
Entretanto, tú caminas
melancólico y vertical.
Eres la palmera, eres el grito
que nadie oyó en el teatro
y todas las luces se apagan.
El amor en la oscuridad,
no, en la claridad,
es siempre triste,
hijo mío, Carlos,
pero no le digas nada a nadie,
nadie sabe ni sabrá.


Carlos Drummond de Andrade


Contra Toda Lógica

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| lunes, 12 de diciembre de 2011

(música de fondo para este post: "Brain Damage" por Pink Floyd)

La vida del hombre comprende dos períodos o tramos sucesivos, de diversa extensión, cada uno con su tarea esencial. En el primero, la tarea es vivir; en el segundo, morir. A veces, en este segundo período, ocurren penosas confusiones. Contra toda lógica, el hombre quiere vivir. Por fortuna, no faltan a su alrededor mujeres enamoradas, para recordarle que el fin está cerca y que sin pérdida de tiempo debe ordenar las cosas, para compensarlas de haberle entregado, y, ¿por qué no?, sacrificado, la juventud, los mejores años de la vida.

Adolfo Bioy Casares, "Descanso de Caminantes"
 

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