(música de fondo para este post: "Desencanto", por Jorge Vidal)
En fin, como le venía diciendo, usted apostó y perdió.
No vio, no quiso ver lo que tenía delante de sus ojos, así que ahora se va tener que joder.
Pero como dentro de todo me cae simpático, le voy a dar una par de consejos, más que nada para que trate de evitar ensartarse de nuevo.
Primero,sepa que en estos lugares no se ayuda a nadie. Si alguna vez llegamos aquí para eso, ya lo hemos olvidado, enfrascados como estamos en disputas estériles, obcecaciones de toda índole, contradicciones varias, rencores insospechados y otras yerbas. Es decir que, como mucho, usted aquí es un burócrata con buenas intenciones.
Segundo, lo que usted piense o deje de pensar es un obstáculo: a nadie le interesa; y en cualquier caso le dificulta el trámite de hacer lo que más le conviene; lo mejor, creáme, es hacerse el distraído y seguir progresando.
Tercero, le dije un par así que deje de romper las pelotas y hágase humo!
El niño eterno se fue en silencio, solo.
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Dios
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domingo, 9 de agosto de 2009

(música de fondo para este post: "Tormenta" De Enrique S. Discépolo, por Rubén Juárez)
Aullando entre relámpagos, perdido en la tormenta de mi noche interminable, Dios, busco tu nombre. No quiero que tu rayo me enceguezca entre el horror, porque preciso luz para seguir. Lo que aprendí de tu mano no sirve para vivir... Yo siento que mi fe se tambalea, que la gente mala vive, Dios, mejor que yo.
Si la vida es el infierno y el honrado vive entre lágrimas... ¿cuál es el bien? El que lucha en nombre tuyo, limpio, puro... ¿para qué?
Si hoy la infamia da el sendero y el amor mata en tu nombre, Dios, lo que has besado, el seguirte es dar ventaja y el amarte, sucumbir al mal.
No quiero abandonarte, yo, demuestra una vez sola que el traidor no vive impune, Dios, para besarte. Enséñame una flor que haya nacido del esfuerzo de seguirte, Dios, para no odiar al mundo que me desprecia, porque no aprendo a robar... Y entonces de rodillas, hecho sangre en los guijarros, moriré con vos, feliz, Señor!
Enrique Santos Discépolo
Combates
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domingo, 21 de junio de 2009

(música de fondo para este post: "Yira Yira", de Discépolo, por Carlos Gardel)
Digo yo, ¿no estamos alimentando lo que decimos combatir?. Esta podría ser una respuesta al hecho de que algunas peleas no se terminan nunca, además de que las vamos perdiendo por goleada.
En efecto, a lo largo de los siglos (o como carámbanos se nos ocurra parcelar el tiempo), el progreso de la humanidad (bué, de alguna manera hay que llamarlo..) no ha logrado sin embargo acabar con la guerra, el hambre, la pobreza, la injusticia, el abuso en todas sus formas, las telenovelas de la tarde, etc...
Con lo cual da que pensar que, más allá de las buenas intenciones que se puedan manifestar, estas cuestiones no figuran entre nuestras prioridades, sino más bien lo contrario; o sea que a lo mejor no estamos haciendo otra cosa que recrear las condiciones para que aquello que decimos querer erradicar, crezca con más fuerza. Así las cosas, imagino a nuestra naturaleza de autodestrucción ríendo a carcajadas en algún rinconcito oscuro de nuestro ser.
Y al final, tal vez Discépolo tenía razón con aquello de "Verás que todo es mentira, verás que nada es amor". Que macana, ¿no?.
Bueno, me despido porque empieza la telenovela...
Ta luego.
Bueno, me despido porque empieza la telenovela...
Ta luego.
Pa' no pensar...
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domingo, 10 de mayo de 2009

(Música de fondo para este post: "Esta noche me emborracho", de Discépolo, por Carlos Gardel)
En otro tango, “Esta noche me emborracho”, Discépolo, que es un gran filósofo existencial, cuando ve salir a la que fue su amor de un cabaret, dice una frase maravillosa, digna de Góngora: “fiera venganza la del tiempo”, dice cuando ve el bagallo. Claro, no sabemos como está él, porque éste ve a su mujer y dice “qué bagallo, qué horror, y pensar que hace diez años fue mi locura”, pero por ahí la mina lo mira a él y está pensando lo mismo (…) ¿Qué ve él en ella? Ve el paso del tiempo: “y pensar que hace diez años fue mi locura” y hoy es un horror, fiera venganza la del tiempo. ¿Y cuál es la venganza del tiempo? Que nos mata de a poco, por eso esta mujer está más fea que hace diez años, porque sencillamente, y perdón por esta cosa horrible que voy a decir, hoy se parece más al cadáver que va a ser que hace diez años. Y esto es progresivo, nosotros mañana nos vamos a parecer más al cadáver que vamos a ser que hoy, porque el tiempo es así, el tiempo deviene y nos mata.
(…) El tipo del tango de Discépolo, cuando dice “fiera venganza la del tiempo”, lo está pensando a partir de sí mismo. Fiera venganza la del tiempo ¿se estará vengando así de mí también? Si yo la veo a ella tan deteriorada ¿cómo estaré yo? Eso no puede evitar preguntarse. Entonces el tango, recuerden como termina, es absolutamente genial: “este encuentro me ha hecho tanto mal, que si lo pienso bien termino envenenao”. Este encuentro me ha hecho tanto mal, que si lo pienso bien… o sea, mejor no lo pienso bien. O sea, ojo, la filosofía, que es pensar bien, te envenena (…) entonces, ¿de qué se trata? De no pensarlo bien. Por eso el tango termina también gloriosamente: “esta noche me emborracho bien, me mamo bien mamao pa’ no pensar!”. Ustedes observen la densidad filosófica de este tango de Discépolo: “pa’ no pensar”. El terror a pensar, porque acaba de descubrir en el ser que alguna vez amó la presencia del paso del tiempo y se da cuenta que el paso del tiempo mata. Entonces ahí es donde advertimos que morimos, en el pasaje del tiempo que vemos en los otros y que trasladamos auténticamente a nosotros, cuando nos atrevemos. Este tipo no se atreve, sabe que, si traslada ese conocimiento a sí, se envenena, y entonces se emborracha bien pa’ no pensar.
(…) El tipo del tango de Discépolo, cuando dice “fiera venganza la del tiempo”, lo está pensando a partir de sí mismo. Fiera venganza la del tiempo ¿se estará vengando así de mí también? Si yo la veo a ella tan deteriorada ¿cómo estaré yo? Eso no puede evitar preguntarse. Entonces el tango, recuerden como termina, es absolutamente genial: “este encuentro me ha hecho tanto mal, que si lo pienso bien termino envenenao”. Este encuentro me ha hecho tanto mal, que si lo pienso bien… o sea, mejor no lo pienso bien. O sea, ojo, la filosofía, que es pensar bien, te envenena (…) entonces, ¿de qué se trata? De no pensarlo bien. Por eso el tango termina también gloriosamente: “esta noche me emborracho bien, me mamo bien mamao pa’ no pensar!”. Ustedes observen la densidad filosófica de este tango de Discépolo: “pa’ no pensar”. El terror a pensar, porque acaba de descubrir en el ser que alguna vez amó la presencia del paso del tiempo y se da cuenta que el paso del tiempo mata. Entonces ahí es donde advertimos que morimos, en el pasaje del tiempo que vemos en los otros y que trasladamos auténticamente a nosotros, cuando nos atrevemos. Este tipo no se atreve, sabe que, si traslada ese conocimiento a sí, se envenena, y entonces se emborracha bien pa’ no pensar.
José Pablo Feinmann, "¿Qué es la filosofía?"

