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Facundo

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| sábado, 9 de agosto de 2014
(música de fondo para este post: "La Lorohuaseña", por Jorge Cafrune).

Es inagotable el repertorio de anécdotas de que está llena la memoria de los pueblos con respecto a Quiroga; sus dichos, sus expedientes, tienen un sello de originalidad que le daban ciertos visos orientales, cierta tintura de sabiduría salomónica en el concepto de la plebe. 
Entre los individuos que formaban una compañia habíase robado un objeto, y todas las diligencias practicadas para descubrir al ladrón habían sido infructuosas. Quiroga forma la tropa, hace cortar tantas varitas de igual tamaño como soldados había, hace enseguida que se distribuyan a cada uno, y luego con voz segura dice: " Aquel cuya varita amanezca mañana más grande que las demás, ése es el ladrón". Al día siguinete fórmase  de nuevo la tropa, y Quiroga procede a la verificación y comparación de las varitas. Un soldado hay, empero, cuya vara aparece más corta que las otras. "Miserable!-le grita Facundo con voz aterrante- tú eres!" Y en efecto, él era (...); el crédulo gaucho, temiendo que, efectivamente, creciese su varita, le había cortado un pedazo(...)
Estaba otra vez un gaucho respondiendo a los cargos que le hacían por un robo: Facundo le interrumpe diciendo: "Ya este pícaro está mintiendo; ¡a ver .. cien azotes!". Cuando el reo hubo salido, Quiroga dijo a alguno que se hallaba presente: "Vea patrón; cuando un gaucho al hablar esté haciendo marcas con el pie, es señal que está mintiendo". Con los azotes el gaucho contó la historia como debía de ser, esto es, que se había robado una yunta de bueyes.

Domingo Faustino Sarmiento, "Facundo"

El Baqueano

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| viernes, 11 de julio de 2014
(música de fondo para este post: "Qué me van a hablar de amor", de Homero Expósito y Héctor Stamponi, por Julio Sosa)


El baqueano es un gaucho grave y reservado, que conoce a palmos 20.000 leguas de llanuras, bosques y montañas. Es el topógrafo más completo, es el único mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de su campaña(...)
Un baqueano encuentra una sendita que hace cruz con el camino que lleva: él sabe a qué aguada remota conduce; si encuentra mil, y esto sucede en el espacio de 100 leguas, él las conoce todas, sabe de dónde vienen y adónde van. Él sabe el vado oculto que tiene un río más arriba o más abajo del paso ordinario, y esto en 100 ríos o arroyos; él conoce en los ciénagos extensos un sendero por donde pueden ser atravesados sin inconveniente, y esto en 100 ciénagos distintos(...)
Si el baqueano lo es de la pampa, donde no hay caminos para atravesarla, y un pasajero le pide que lo lleve directamente a un paraje distante cincuenta leguas, el baqueano se para un momento, reconoce el horizonte, examina el suelo, clava la vista en un punto y se echa a galopar  con la rectitud de una flecha, hasta que cambia de rumbo por motivos que sólo él sabe, y, galopando día y noche,  llega al lugar designado(...)
El baqueano  conoce la distancia que hay de un lugar a otro, los días y las horas necesarias para llegar a él, y a más, una senda extraviada e ignorada por donde se puede llegar de sorpresa y en la mitad del tiempo.

Domingo Faustino Sarmiento, "Facundo"

El Rastreador

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| viernes, 4 de julio de 2014
(Música de fondo para este post: "La Huella del Rastreador", de y por Osiris Rodríguez Castillo)


Todos los gauchos del interior son rastreadores. En llanuras tan dilatadas, en donde las sendas y caminos se cruzan en todas direcciones, y los campos en que pacen o transitan las bestias son abiertos, es preciso saber seguir las huellas de un animal y distinguirlas de entre mil, conocer si va despacio o ligero, suelto o tirado, cargado o de vacío(...)
El rastreador es un personaje grave y circunspecto, cuyas aseveraciones hacen fe en los tribunales inferiores. La conciencia del saber que posee la da cierta dignidad reservada y misteriosa(...)
Un robo se ha ejecutado durante la noche; no bien se nota, corren a buscar una pisada del ladrón, y encontrada, se cubre con algo para que el viento no la disipe. Se llama en seguida al rastreador, que ve el rastro y lo sigue sin mirar sino de tarde en tarde el suelo, como si sus ojos vieran de relieve esta pisada que para otros es imperceptible. Sigue el curso de las calles, atraviesa los huertos, entra en una casa y señalando un hombre que encuentra dice fríamente "Este es!". El delito está probado, y raro es el delincuente que resiste a esta acusación.

Domingo Faustino Sarmiento, "Facundo"

Polemistas

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| viernes, 9 de julio de 2010
(música de fondo para este post: "Milonga del Peón de Campo", por Jairo)

Varios gauchos en la pulpería conversan sobre temas de escritura y de fonética.
El santiagueño Albarracín no sabe leer ni escribir, pero supone que la palabra trara* no puede escribirse. Crisanto Cabrera, también analfabeto, sostiene que todo lo que se habla puede ser escrito. - Pago la copa para todos - le dice el santiagueño - si escribe trara. - Se la juego - contesta Cabrera; saca el cuchillo y con la punta traza unos garabatos en el piso de tierra. De atrás se asoma el viejo Álvarez, mira el suelo y sentencia: - Clarito, trara.
*trara: trípode de hierro para la pava del mate.

Luis Antuñano, Cincuenta años en Gorsch. Medio siglo en campos de Buenos Aires (Olavarría, 1911)
 

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