(música de fondo para este post: "Baile de los Pobres", por Calle 13)
Todos conocemos esos juicios, que no son sólo palabras en una charla de café: al parecer, los desempleados "abusan" de los derechos sociales, los pobres son "casos sociales", los jóvenes de los suburbios "prefieren" los tráficos ilícitos al trabajo, los migrantes "malversan" las prestaciones sociales, etc. En resumen, las víctimas de las mayores desigualdades merecen su suerte y no son verdaderas víctimas, a pesar de que esas grandes desigualdades chocan con nuestros principios. Toda vez que esas víctimas estén un tanto alejadas en lo social y provengan geográficamente de otra parte, el sentimiento de solidaridad se extingue frente al rigor de la sospecha meritocrática.
La crítica social realizada en nombre de la igualdad tropieza con la crítica social del mérito, según la cual las víctimas de las desigualdades más flagrantes son presuntamente responsables de su suerte. Desde la década de 1970 las investigaciones nacionales e internacionales indican que el porcentaje de quienes explican la pobreza por las conductas y la cultura de los pobres no deja de aumentar. La tendencia a culpar a las víctimas se consolida: las encuestas muestran que muchos ciudadanos no desean pagar por aquellos que, a su juicio, no lo merecen (...)
Esta economía moral se despliega en toda la sociedad. No imaginemos que las clases populares son indulgentes respecto de quienes están situados debajo de ellas. La economía moral del mérito siempre termina por culpar a las víctimas y por designar los "casos sociales" y a los "inmigrantes" como aprovechadores. De víctimas, estos pasan a ser chivos expiatorios.
Francois Dubet, "¿Por Qué Preferimos la Desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"
Mostrando las entradas con la etiqueta Sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Sociedad. Mostrar todas las entradas
El 1% (y los Demás)
0
Publicado por
Unknown
|
jueves, 24 de diciembre de 2015
(música de fondo para este post: "Aquaforte", por Carlos Gardel)
El crecimiento de las desigualdades sociales a lo largo de un extenso período y en una gran cantidad de países fue materia de análisis para muchos economistas. Esos trabajos son tanto más creíbles ya que sus autores no tienen fama de "izquierdistas" (ni menos aún de marginales). Todos ello ponen de manifiesto la concentración de la fortuna en el grupo del 1% y, más aún, del 0,1% más rico.(...)
De hecho, según muestra Joseph Stiglitz, los más ricos someten a los gobiernos a sus intereses mediante la presión de los lobbies y el peso de una ideología neoliberal que induce a pensar que la fortuna de los ricos es buena para todos. Es cierto que lo es para la industria del lujo, mientras el desempleo se afianza, los salarios no aumentan y, como a comienzos del siglo XX, se desarrolla una clase de trabajadores pobres a quienes el trabajo no arranca de la miseria.
Thomas Piketty esboza un panorama de las desigualdades tan impresionante como el de Stiglitz. Los "superejecutivos" pudieron negociar salarios treinta veces más altos que los de sus asalariados peor pagos. En tanto que Henry Ford, de quien no puede decirse que fuera un demócrata, quería que los directivos de sus fábricas ganaran cuatro veces el salario de un obrero, hoy esa brecha se multiplicó por diez, y a menudo por mucho más. Pero la tendencia más espectacular es el retorno de la renta. Las colocaciones financieras prudentes, cuyas tasas de rentabilidad crecen más cuanto más elevadas son las sumas invertidas, tienen claramente un mayor rendimiento que el trabajo. Como en tiempos de Balzac y como en la "Belle Époque", es mejor heredar que trabajar, y nos acercamos a los índices de desigualdad de esa época, que sólo fue bella para los rentistas(...)
Sin embargo, explicar el crecimiento de las desigualdades por las "leyes" de la economía no puede funcionar como excusa para renunciar a la lucha contra las prácticas desigualitarias más banales y sus efectos. Basta con observar las prácticas de cada uno de nosotros para advertir que, más allá de la oposición del 1% de los más ricos y los demás, elegimos con frecuencia desigualdades sociales en la medida en que no ofendan nuestros principios democráticos, e incluso cuando estos las legitiman.
Francois Dubet, "¿Por Qué Preferimos la Desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"
El crecimiento de las desigualdades sociales a lo largo de un extenso período y en una gran cantidad de países fue materia de análisis para muchos economistas. Esos trabajos son tanto más creíbles ya que sus autores no tienen fama de "izquierdistas" (ni menos aún de marginales). Todos ello ponen de manifiesto la concentración de la fortuna en el grupo del 1% y, más aún, del 0,1% más rico.(...)
De hecho, según muestra Joseph Stiglitz, los más ricos someten a los gobiernos a sus intereses mediante la presión de los lobbies y el peso de una ideología neoliberal que induce a pensar que la fortuna de los ricos es buena para todos. Es cierto que lo es para la industria del lujo, mientras el desempleo se afianza, los salarios no aumentan y, como a comienzos del siglo XX, se desarrolla una clase de trabajadores pobres a quienes el trabajo no arranca de la miseria.
Thomas Piketty esboza un panorama de las desigualdades tan impresionante como el de Stiglitz. Los "superejecutivos" pudieron negociar salarios treinta veces más altos que los de sus asalariados peor pagos. En tanto que Henry Ford, de quien no puede decirse que fuera un demócrata, quería que los directivos de sus fábricas ganaran cuatro veces el salario de un obrero, hoy esa brecha se multiplicó por diez, y a menudo por mucho más. Pero la tendencia más espectacular es el retorno de la renta. Las colocaciones financieras prudentes, cuyas tasas de rentabilidad crecen más cuanto más elevadas son las sumas invertidas, tienen claramente un mayor rendimiento que el trabajo. Como en tiempos de Balzac y como en la "Belle Époque", es mejor heredar que trabajar, y nos acercamos a los índices de desigualdad de esa época, que sólo fue bella para los rentistas(...)
Sin embargo, explicar el crecimiento de las desigualdades por las "leyes" de la economía no puede funcionar como excusa para renunciar a la lucha contra las prácticas desigualitarias más banales y sus efectos. Basta con observar las prácticas de cada uno de nosotros para advertir que, más allá de la oposición del 1% de los más ricos y los demás, elegimos con frecuencia desigualdades sociales en la medida en que no ofendan nuestros principios democráticos, e incluso cuando estos las legitiman.
Francois Dubet, "¿Por Qué Preferimos la Desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"
Por un Imaginario de la Fraternidad
0
Publicado por
Unknown
|
domingo, 15 de noviembre de 2015
(música de fondo para este post: "Los Hermanos", de Atahualpa Yupanqui por Mercedes Sosa)
Los movimientos políticos que se remiten a la igualdad de unos y la exclusión de otros mediante la recomposición de un imaginario comunitario arcaico nos obligan a definir nuevas políticas de solidaridad. Esas políticas (...) no deben tampoco ignorar que la igualdad implica un imaginario de la fraternidad. Es imperativo no abandonar el tema de la fraternidad en manos de los enemigos de la igualdad o los enemigos de la democracia (...)
En una sociedad plural donde las culturas y los individuos esperan que se los reconozca como autónomos y singulares, es imprescindible construir los espacios y las escenas que nos permitan decir lo que tenemos en común, a fin de aceptar nuestras diferencias. Sin ese trabajo, nada nos protegerá del peor de los escenarios: la alianza del conservadurismo cultural y el liberalismo económico, como preparación para el retorno de unas desigualdades sociales que creíamos desaparecidas para siempre.
Francois Dubet, "¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"
Los movimientos políticos que se remiten a la igualdad de unos y la exclusión de otros mediante la recomposición de un imaginario comunitario arcaico nos obligan a definir nuevas políticas de solidaridad. Esas políticas (...) no deben tampoco ignorar que la igualdad implica un imaginario de la fraternidad. Es imperativo no abandonar el tema de la fraternidad en manos de los enemigos de la igualdad o los enemigos de la democracia (...)
En una sociedad plural donde las culturas y los individuos esperan que se los reconozca como autónomos y singulares, es imprescindible construir los espacios y las escenas que nos permitan decir lo que tenemos en común, a fin de aceptar nuestras diferencias. Sin ese trabajo, nada nos protegerá del peor de los escenarios: la alianza del conservadurismo cultural y el liberalismo económico, como preparación para el retorno de unas desigualdades sociales que creíamos desaparecidas para siempre.
Francois Dubet, "¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"



