Contra Toda Lógica

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| lunes, 12 de diciembre de 2011

(música de fondo para este post: "Brain Damage" por Pink Floyd)

La vida del hombre comprende dos períodos o tramos sucesivos, de diversa extensión, cada uno con su tarea esencial. En el primero, la tarea es vivir; en el segundo, morir. A veces, en este segundo período, ocurren penosas confusiones. Contra toda lógica, el hombre quiere vivir. Por fortuna, no faltan a su alrededor mujeres enamoradas, para recordarle que el fin está cerca y que sin pérdida de tiempo debe ordenar las cosas, para compensarlas de haberle entregado, y, ¿por qué no?, sacrificado, la juventud, los mejores años de la vida.

Adolfo Bioy Casares, "Descanso de Caminantes"

Ante la Muerte

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| miércoles, 30 de noviembre de 2011
(música de fondo para este post: "Tango de la Muerte", por Juan Carlos Baglietto)


Había muerto alguien en la familia. Un primo dijo "Va a ser terrible para Vicente (el más viejo de los tíos)". Una prima aseguró: "Los viejos sienten menos". Pronto pude comprobar la exactitud de esta afirmación, pero sólo después la entendí. Los jóvenes se sienten inmortales, anímicamente no creen en la muerte; cuando la muerte les arranca una persona querida quedan anonadados. Los viejos han visto morir a su familia, viven entre amigos que mueren y la propia decadencia de su cuerpo y quizá de su mente les anuncia la propia muerte. Cuando alguien muere, piensan "ya me tocará a mí", "me ganó por media cabeza". Piensan también: "Ahora, que haya muerto me duele. Mañana, cuando yo muera, ni eso ni nada va a parecerme importante".

Adolfo Bioy Casares, "Diario de Caminantes"

De Pronto

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| jueves, 24 de noviembre de 2011
(música de fondo para este post: "Suerte Loca" por Roberto Goyeneche)
La vida cambia de un día para el otro, siempre fue así, hoy estás muerto, forfai, y mañana te salvás simplemente porque la mufa se olvida de vos, se hace humo, y las cosas se organizan de otra forma, solas, cuando uno ya ni siquiera sueña con salvarse sino que más bien está esperando que los piolines se corten de una vez por todas, para caer sin pena ni gloria en el olvido, como una marioneta de morondanga, y que te entierren. Pero no, de pronto la vida cambia, de la noche a la mañana, siempre fue así, ¿no te parece? (...)

Juan Martini, "La Vida Entera"

Eche Veinte Centavos en la Ranura

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| lunes, 31 de octubre de 2011

(música de fondo para este post: "Heavy Metal Machine" por The Smashing Pumpkins")


I
A pesar de la sala sucia y oscura
de gentes y de lámparas luminosa
si quiere ver la vida color de rosa
eche veinte centavos en la ranura.
Y no ponga los ojos en esa hermosa
que frunce de promesas la boca impura.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.
El dolor mata, amigo, la vida es dura,
eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.

VI
Y no se inmute, amigo, la vida es dura,
con la filosofía poco se goza.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa.

Eche Veinte Centavos en la Ranura, fragmento.
Raúl González Tuñón, de "El violín del diablo" , 1926 .

Civilizados

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| martes, 18 de octubre de 2011


(música de fondo para este post: "Chacarera de un triste" por Mercedes Sosa)


Una vez asesinado Dorrego, los unitarios dieron rienda libre a su odio político (...).
Son los ilustrados que intentan imponer la civilización a palos (...)
Juan Apóstol Martinez patrulla toda la provincia de Buenos Aires en busca de enemigos. Y cuando los encuentra los obliga a cavar sus propias fosas. Pero es el tipo de muerte lo que horroriza. Ata a los gauchos a las bocas de los cañones y sus cuerpos son destrozados por las metrallas. El coronel Juan Ramón Estomba asesina de esa manera al mayordomo de la estancia Las Víboras de los Anchorena, sólo porque no sabe o no quiere decir hacia dónde se ha marchado Rosas. El coronel Rauch, pérfido enemigo de Dorrego, ajusticia a sus prisioneros por partes, a hachazos. En pocos meses son asesinadas más de mil personas, incluso niños de siete años que llevaban la divisa federal. En 1829 los registros indican que por única vez en la historia, las muertes sobrepasaron a los nacimientos. (...) Estomba comete tal grado de atrocidades, que sus propios oficiales lo amarran a la cama y lo llevan maniatado a Buenos Aires, donde muere en un hospicio.

Hernán Brienza, "El Loco Dorrego"
 

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