Encuentro
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domingo, 6 de mayo de 2012
(música de fondo para este post: "Cancer for the Cure", por EELS)
Por eso yo apreciaba tanto los grupos de apoyo, porque la gente, cuando cree que te estás muriendo, te presta toda su atención.
Si aquella podía ser la última vez que estuvieran contigo, estaban contigo de verdad. Todo lo demás -el saldo del banco, las canciones de la radio o el pelo alborotado- carecía de importancia.
La gente te escuchaba en vez de estar pendiente de su turno para hablar.
Y cuando hablaban no te contaban ninguna historia. Al conversar iban constituyendo algo que los transformaba en seres diferentes.
Chuck Palahniuk, "El Club de la Pelea"
Por eso yo apreciaba tanto los grupos de apoyo, porque la gente, cuando cree que te estás muriendo, te presta toda su atención.
Si aquella podía ser la última vez que estuvieran contigo, estaban contigo de verdad. Todo lo demás -el saldo del banco, las canciones de la radio o el pelo alborotado- carecía de importancia.
La gente te escuchaba en vez de estar pendiente de su turno para hablar.
Y cuando hablaban no te contaban ninguna historia. Al conversar iban constituyendo algo que los transformaba en seres diferentes.
Chuck Palahniuk, "El Club de la Pelea"
Nido
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martes, 24 de abril de 2012
(música de fondo para este post:
"Drive", por R.E.M)
"Drive", por R.E.M)
Todos tenemos el mismo sillón de Johanneshov tapizado con rayas verdes Strinne.
Todos tenemos las mismas lámparas de papel Rislampa/Har, fabricadas con alambre y papel ecológico sin colorantes.
Los cubiertos Alle, de acero inoxidable y aptos para el lavavajillas.
El reloj Vild de acero galvanizado que estaba en el recibidor, y que, por supuesto, no podía dejar de tener.
Y como no! las estanterías Klipsk.
Y también las sombrereras Hemling.
El juego de edredones Mommala, diseñado por Tomás Hairla y disponible en los siguientes colores:
Orquídea.
Fucsia.
Cobalto.
Ébano.
Azabache.
Cáscara de huevo o brezo.
Me había costado una vida comprar esos muebles y utensilios. La laca de fácil cuidado de las mesitas Kalix.
Las mesas nido Steg.
Compras muebles. Te dices a ti mismo: Éste es el último sofá que necesitaré en toda mi vida. Compras el sofá y durante un par de años te sientes satisfecho de que, aunque no todo vaya bien, al menos has sabido solucionar el asunto del sofá. Luego, la vajilla adecuada. Luego, la cama perfecta. Las cortinas. La alfombra.
Finalmente, te quedas atrapado en tu precioso nido y los objetos que poseías ahora te poseen a ti.
Chuck Palahniuk, "El Club de la Pelea"
Todos tenemos las mismas lámparas de papel Rislampa/Har, fabricadas con alambre y papel ecológico sin colorantes.
Los cubiertos Alle, de acero inoxidable y aptos para el lavavajillas.
El reloj Vild de acero galvanizado que estaba en el recibidor, y que, por supuesto, no podía dejar de tener.
Y como no! las estanterías Klipsk.
Y también las sombrereras Hemling.
El juego de edredones Mommala, diseñado por Tomás Hairla y disponible en los siguientes colores:
Orquídea.
Fucsia.
Cobalto.
Ébano.
Azabache.
Cáscara de huevo o brezo.
Me había costado una vida comprar esos muebles y utensilios. La laca de fácil cuidado de las mesitas Kalix.
Las mesas nido Steg.
Compras muebles. Te dices a ti mismo: Éste es el último sofá que necesitaré en toda mi vida. Compras el sofá y durante un par de años te sientes satisfecho de que, aunque no todo vaya bien, al menos has sabido solucionar el asunto del sofá. Luego, la vajilla adecuada. Luego, la cama perfecta. Las cortinas. La alfombra.
Finalmente, te quedas atrapado en tu precioso nido y los objetos que poseías ahora te poseen a ti.
Chuck Palahniuk, "El Club de la Pelea"
Milonga del Muerto
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lunes, 2 de abril de 2012

(música de fondo para este post: "The Gunner's Dream", por Pink Floyd)
Lo he soñado en esta casa
entre paredes y puertas.
Dios les permite a los hombres
soñar cosas que son ciertas.
Lo he soñado mar afuera
en unas islas glaciales
Que nos digan lo demás
la tumba y los hospitales
Una de tantas provincias
del interior fue su tierra.
(No conviene que se sepa
que muere gente en la guerra).
Lo sacaron del cuartel,
le pusieron en las manos
las armas y lo mandaron
a morir con sus hermanos.
Se obró con suma prudencia,
se habló de un modo prolijo.
Les entregaron a un tiempo
el rifle y el crucifijo.
Oyó las vanas arengas
de los vanos generales.
Vio lo que nunca había visto,
la sangre en los arenales.
Oyó vivas y oyó mueras,
oyó el clamor de la gente.
Él sólo quería saber
si era o si no era valiente.
Lo supo en aquel momento
en que le entraba la herida.
Se dijo 'No tuve miedo'
cuando lo dejó la vida.
Su muerte fue una secreta victoria.
Nadie se asombre
de que me dé envidia y pena
el destino de aquel hombre.
entre paredes y puertas.
Dios les permite a los hombres
soñar cosas que son ciertas.
Lo he soñado mar afuera
en unas islas glaciales
Que nos digan lo demás
la tumba y los hospitales
Una de tantas provincias
del interior fue su tierra.
(No conviene que se sepa
que muere gente en la guerra).
Lo sacaron del cuartel,
le pusieron en las manos
las armas y lo mandaron
a morir con sus hermanos.
Se obró con suma prudencia,
se habló de un modo prolijo.
Les entregaron a un tiempo
el rifle y el crucifijo.
Oyó las vanas arengas
de los vanos generales.
Vio lo que nunca había visto,
la sangre en los arenales.
Oyó vivas y oyó mueras,
oyó el clamor de la gente.
Él sólo quería saber
si era o si no era valiente.
Lo supo en aquel momento
en que le entraba la herida.
Se dijo 'No tuve miedo'
cuando lo dejó la vida.
Su muerte fue una secreta victoria.
Nadie se asombre
de que me dé envidia y pena
el destino de aquel hombre.
Jorge Luis Borges, "Los Conjurados"
Tu Secreto
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sábado, 31 de marzo de 2012

(música de fondo para este post: "De Todo te Olvidas" por Carlos Gardel)
¡De todo te olvidas! Anoche dejaste
aquí, sobre el piano, que ya jamás tocas,
un poco de tu alma de muchacha enferma:
un libro, vedado, de tiernas memorias.
Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,
y supe, sonriendo, tu pena más honda,
el dulce secreto que no diré a nadie:
A nadie interesa saber que me nombras.
Ven, llévate el libro, distraída llena
de luz y de ensueño. Romántica loca
¡Dejar tus amores ahí, sobre el piano!
De todo te olvidas ¡Cabeza de novia!
Evaristo Carriego
Garrotazos
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jueves, 15 de marzo de 2012

(música de fondo para este post: "La Historia Esta", por León Gieco)
Cuando Perón cayó, yo tenía doce años. A los trece empecé a trabajar como aprendiz en uno de esos lugares de Río Negro donde envuelven manzanas para la exportación. Choice se llamaban las que iban al extranjero; standard las que quedaban en el país. Yo les ponía el sello a los cajones. Ya no me ocupaba de Perón: su nombre y el de Evita estaban prohibidos. Los diarios llamaban "tirano prófugo" al general. En los barrios pobres las viejas levantaban la vista al cielo porque esperaban un famoso avión negro que lo traería de regreso. Ese verano conocí mis primeros anarcos y rojos que discutían con los peronistas una huelga larga. Cortamos la ruta, fuimos en caravana hasta la plaza y muchos gritaban "Viva Perón, carajo". Entonces cargaron los cosacos y recibí mi primera paliza política. Yo ya había cambiado a Perón por otra causa, pero los garrotazos los recibía por peronista. Por la lancha a alcohol que casi nunca anduvo. Por las camisetas de fútbol y la carta aquella que mi madre extravió para siempre cuando llegó la Libertadora. No volví a creer en Perón, pero entiendo muy bien por qué otros necesitan hacerlo. Aunque el país sea distinto, y la felicidad esté tan lejana como el recuerdo de mi infancia al pie del limonero, en el patio de mi casa.
Osvaldo Soriano, "Cuentos de los años felices"

