(música de fondo para este post: "The Sounds of Silence" por Simon and Garfunkel)
Silencio
yo me uno al silencio
yo me he unido al silencio
y me dejo hacer
me dejo beber
me dejo decir.
Alejandra Pizarnik
Resortes
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viernes, 18 de octubre de 2013
Cuando escuchaba valses de Héctor Pedro Blomberg, Mandeb comprendía que el mundo estaba lleno de extraños que, como si fueran individuos de otra especie, tenían los resortes de la emoción armados al revés, insensibles ante los estímulos clásicos y listos para dispararse ante la mínima concordancia de los sucesos cotidianos. Por eso lo hacía llorar la voz de Corsini: porque estaba solo. Sus lágrimas por Beatriz eran de la misma naturaleza: una belleza perdida que no significaba nada para los demás.
Alejandro Dolina, "Cartas Marcadas"
Nuestras Palabras
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viernes, 20 de septiembre de 2013
(música de fondo para este post: "Seru Giran", por Seru Giran)
Paul Auster, "Ciudad de Cristal", de "La Trilogía de Nueva York".
Cuando las cosas estaban enteras nos sentíamos seguros de que nuestras
palabras podían expresarlas.
Pero poco a poco estas cosas se han perdido,
se han hecho pedazos, han caído en el caos. Y sin embargo nuestras
palabras siguen siendo las mismas. No se han adaptado a la nueva
realidad. De ahí que cada vez que intentamos hablar de lo que vemos,
hablemos falsamente, distorsionando la cosa misma que tratamos de
representar. Esto ha hecho que todo sea confusión y desorden.
Paul Auster, "Ciudad de Cristal", de "La Trilogía de Nueva York".
Como Dormir
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jueves, 16 de mayo de 2013
(música de fondo para este post: Dreaming While You Sleep, por Génesis)
Yo me conformaría con que la muerte fuera simplemente un descanso, como dormir. A veces en la oscuridad total es lindo abrir los ojos y descansar la vista, pero sólo por un rato, porque sino el descanso degenera en insomnio, que es la peor tortura. Cuando digo descanso me refiero a dormir. Sería una bendición que la muerte fuera como dormir eternamente, y no acordarme más de que existió Herminia.
Cuaderno de pensamientos de Herminia, 1948 (Manuel Puig, "La traición de Rita Hayworth").
Yo me conformaría con que la muerte fuera simplemente un descanso, como dormir. A veces en la oscuridad total es lindo abrir los ojos y descansar la vista, pero sólo por un rato, porque sino el descanso degenera en insomnio, que es la peor tortura. Cuando digo descanso me refiero a dormir. Sería una bendición que la muerte fuera como dormir eternamente, y no acordarme más de que existió Herminia.
Cuaderno de pensamientos de Herminia, 1948 (Manuel Puig, "La traición de Rita Hayworth").
Dolor
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domingo, 14 de abril de 2013
(música de fondo para este post: "Hasta el Mar" por Loli Molina)
Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.
ALfonsina Storni
Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.
ALfonsina Storni





