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Malvados

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| miércoles, 4 de diciembre de 2013
(música de fondo para este post: "Acquaforte", por Carlos Gardel)
El poder del mal rige las leyes del Universo. El destino siniestro de cada hombre es la demostración cabal de lo que acabo de afirmar. Ahí tiene a las religiones, castigando a los pecadores, alegrándose por sus tormentos en el infierno, prohibiendo todos los paraísos posibles. Yo soy un malvado, lo admito, pero no tanto como los pilares de la moral de Occidente.
Alejandro Dolina, "Cartas Marcadas"

Resortes

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| viernes, 18 de octubre de 2013
(música de fondo para este post: "La Pulpera de Santa Lucía", por Ignacio Corsini) 

Cuando escuchaba valses de Héctor Pedro Blomberg, Mandeb comprendía que el mundo estaba lleno de extraños que, como si fueran individuos de otra especie, tenían los resortes de la emoción armados al revés, insensibles ante los estímulos clásicos y listos para dispararse ante la mínima concordancia de los sucesos cotidianos. Por eso lo hacía llorar la voz de Corsini: porque estaba solo. Sus lágrimas por Beatriz eran de la misma naturaleza: una belleza perdida que no significaba nada para los demás.

Alejandro Dolina, "Cartas Marcadas"

Carta Brava

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| miércoles, 5 de diciembre de 2012
(música de fondo para este post: "Shape of my Heart", por Sting)

- Vamos, juegue de una vez. Tengo poco tiempo.
- ¿Qué debo hacer?
- Primero apueste. ¿Cuánto quiere jugar?
- Juego todo lo que tengo.
- Usted no tiene nada. Con eso no puede ni sentarse a la mesa.
- Apuesto lo que tuve, mis recuerdos buenos.
- Podría ser. Si pierde se olvidará de todas las bagatelas infantiles que le sirven de consuelo.

El tallador le dio todas las cartas a Salzman, una por una , y él se quedó con la última.

- Hoy le concederé alguna ventaja. Usted tiene todas las cartas y yo solamente una. Además, usted elige el juego.Yo, con esta sola baraja estoy obligado a ganar.

Salzman examinó su mano y vio centenares de figuras lejanamente parecidas a los arcanos del Tarot: la Riqueza, el Poder, la Fama, el Amor, la Inteligencia, la Fuerza, el Honor, la Juventud, la Razón, la Salud, la Imaginación, el Arte, la Clarividencia, el Valor, la Fe, la Suerte, la Belleza, la Virilidad, la Inspiración... Sin hacer ningún gesto, dio vuelta las cartas sobre la mesa.

- Buen juego - dijo el Tallador - ,pero no alcanza.

Y jugó el naipe de la muerte.

Alejandro Dolina, "Cartas Marcadas"

El Otro Infierno

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| domingo, 10 de octubre de 2010

(música de fondo para este post: "Satan Your Kingdom Must Come Down", por Robert Plant)

Hay, más allá del infierno, otro infierno imprevisto y posterior. Durante un tiempo, el condenado se instala en el tormento, lo incorpora a sus hábitos y busca consuelo en la idea de que nada peor podrá ocurrirle. Es entonces cuando cae en otro infierno, el verdadero, cuyos sufrimientos son imposibles de comprender y de calcular.
El infierno como castigo por los pecados es, al menos, razonable. Uno arde en ríos de fuego pero atesora una convicción inevitablemente dichosa: el universo tiene un propósito ético; en algún lugar están los bienaventurados; en algún lugar está Dios.
El verdadero infierno es, antes que nada, injusto. Uno no sabe por qué está allí, ni cuáles son sus culpas, ni cuál es el plan que está cumpliendo.
Infiernos benignos permiten conocer el camino para evitarlos. Mucho peor es que cualquiera se salve y cualquiera se condene.
Ignorar las consecuencias de los propios actos, ese es el infierno.

Alejandro Dolina, "Bar del Infierno"

Un Bar

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| martes, 1 de junio de 2010

(música de fondo para este post: "La Copa Rota", por Los Rodriguez)

A fines del siglo XIX funcionaba en Londres, en el siniestro barrio de Whitechapel, un bar frecuentado por suicidas. Allí, cada noche, alguien era obligado a matarse. No está claro cuál era el procedimiento para establecer cuál de los parroquianos debía morir. Algunos hablan de un sorteo, o de un juego de naipes, o de un licor envenenado. Durante un tiempo, el establecimiento estuvo de moda, no sólo entre los que buscaban la muerte, sino entre jovenes aristócratas deseosos de emociones fuertes, que iban allí a tomar una copa como quien juega a la ruleta rusa. Pasado su momento de esplendor, el bar se hizo menos concurrido y, por lo mismo, más peligroso. Algunas noches no iba nadie y los aburridos mozos, por pura seriedad profesional, se suicidaban.

Alejandro Dolina, "Bar del Infierno"

Alucinaciones

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| domingo, 15 de noviembre de 2009

(música de fondo para este post: Sonata para piano Nº14, Primer Movimiento, de Beethoven)

El ingeniero Bruno Ferrantes se había vuelto loco en 1963, cuando extravió un billete premiado.
En realidad, su conducta era vulgarmente razonable, salvo por Adela, su novia imaginaria. El ingeniero iba a las confiterías perfectamente solo. Pedía dos copetines y charlaba con una silla vacía. Pagaba entradas superfluas en los teatros, compraba fiambre de más y sorprendía a los bailarines del salón La Argentina con solitarios pasos de tango.
Un día, Ferrantes empezó a pasear en silencio y con las manos en el bolsillo. Los vecinos conjeturaron que había egresado de la demencia. Sin embargo, Ferrantes le confesó a un mozo del Imperio de Chacarita que Adela lo había dejado.
Su vida continuó normalmente, pero con una enorme pena.Una pena real que lo acompañó hasta su muerte, ocurrida dos meses después.
Manuel Mandeb y sus amigos estuvieron tentados de encargar un ramo de flores con una cinta que dijera "Adela". Pero enseguida se avergonzaron de aquella extravagancia.
De todos modos, al velorio no fue nadie.

Alejandro Dolina, Alucinaciones (fragmento)
 

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