(música de fondo para este post: "Body and Soul", por Billie Holliday).
A veces el cuerpo pide lo que uno no le puede dar. Pero el cuerpo es así, viene a ser como la parte más animal de la cosa humana, ¿no? Entonces pide y pide y sigue pidiendo nomás. Y cuando no hay, tanta insistencia al final se va acumulando y torna a algo que ya no es físico, algo como una sustancia que te viaja por la sangre (pero que no es, no es la sangre ni es nada); algo de adentro del cuerpo pero que no forma parte de él.
Un corrosivo, un acelerador atómico de insatisfacción.
¿Y qué hacer con eso, cómo saciar esa sed cuando no quedan siquiera espejismos?.
(Imagen: "La Supremacía de la Materia sobre el Espíritu", Man Ray ,1929)
Pieza Cortada
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miércoles, 6 de enero de 2016
(música de fondo para este post: "Rape Me" por Nirvana)
Pieza Cortada comenzó con Yoko Ono a solas, inexpresiva y en silencio, en el suelo de un escenario, sentada sobre sus piernas, de lado. Llevaba un vestido negro sencillo. A dos pasos de ella, en el suelo, había unas tijeras. Una vez que los miembros del público estaban situados en la sala, se los invitaba a entrar en escena de uno en uno y a cortar el vestido de Ono. Al principio respondieron con bastante lentitud y respeto, pero poco a poco fueron volviéndose más confiados y atrevidos, a medida que, corte a corte, el vestido de la artista iba quedando hecho jirones.
Ver ahora en Internet el material filmado durante la performance significa presenciar un suceso invasivo que evoca una violación. Expone verdades sobre la naturaleza humana y las relaciones, sobre agresores y víctimas, sobre el sadismo y el masoquismo, que ni la pintura ni la escultura son capaces de mostrar (...)
Si el arte existe para despertar nuestros sentidos, para lanzarno un reto, para ayudarnos a entender, para hacernos mirar de una manera nueva, entonces Pieza Cortada de Yoko Ono es una obra maestra.
Will Gompertz, "¿Qué estás mirando? 150 años de Arte Moderno en un abrir y cerrar de ojos".
Pieza Cortada comenzó con Yoko Ono a solas, inexpresiva y en silencio, en el suelo de un escenario, sentada sobre sus piernas, de lado. Llevaba un vestido negro sencillo. A dos pasos de ella, en el suelo, había unas tijeras. Una vez que los miembros del público estaban situados en la sala, se los invitaba a entrar en escena de uno en uno y a cortar el vestido de Ono. Al principio respondieron con bastante lentitud y respeto, pero poco a poco fueron volviéndose más confiados y atrevidos, a medida que, corte a corte, el vestido de la artista iba quedando hecho jirones.
Ver ahora en Internet el material filmado durante la performance significa presenciar un suceso invasivo que evoca una violación. Expone verdades sobre la naturaleza humana y las relaciones, sobre agresores y víctimas, sobre el sadismo y el masoquismo, que ni la pintura ni la escultura son capaces de mostrar (...)
Si el arte existe para despertar nuestros sentidos, para lanzarno un reto, para ayudarnos a entender, para hacernos mirar de una manera nueva, entonces Pieza Cortada de Yoko Ono es una obra maestra.
Will Gompertz, "¿Qué estás mirando? 150 años de Arte Moderno en un abrir y cerrar de ojos".
El 1% (y los Demás)
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jueves, 24 de diciembre de 2015
(música de fondo para este post: "Aquaforte", por Carlos Gardel)
El crecimiento de las desigualdades sociales a lo largo de un extenso período y en una gran cantidad de países fue materia de análisis para muchos economistas. Esos trabajos son tanto más creíbles ya que sus autores no tienen fama de "izquierdistas" (ni menos aún de marginales). Todos ello ponen de manifiesto la concentración de la fortuna en el grupo del 1% y, más aún, del 0,1% más rico.(...)
De hecho, según muestra Joseph Stiglitz, los más ricos someten a los gobiernos a sus intereses mediante la presión de los lobbies y el peso de una ideología neoliberal que induce a pensar que la fortuna de los ricos es buena para todos. Es cierto que lo es para la industria del lujo, mientras el desempleo se afianza, los salarios no aumentan y, como a comienzos del siglo XX, se desarrolla una clase de trabajadores pobres a quienes el trabajo no arranca de la miseria.
Thomas Piketty esboza un panorama de las desigualdades tan impresionante como el de Stiglitz. Los "superejecutivos" pudieron negociar salarios treinta veces más altos que los de sus asalariados peor pagos. En tanto que Henry Ford, de quien no puede decirse que fuera un demócrata, quería que los directivos de sus fábricas ganaran cuatro veces el salario de un obrero, hoy esa brecha se multiplicó por diez, y a menudo por mucho más. Pero la tendencia más espectacular es el retorno de la renta. Las colocaciones financieras prudentes, cuyas tasas de rentabilidad crecen más cuanto más elevadas son las sumas invertidas, tienen claramente un mayor rendimiento que el trabajo. Como en tiempos de Balzac y como en la "Belle Époque", es mejor heredar que trabajar, y nos acercamos a los índices de desigualdad de esa época, que sólo fue bella para los rentistas(...)
Sin embargo, explicar el crecimiento de las desigualdades por las "leyes" de la economía no puede funcionar como excusa para renunciar a la lucha contra las prácticas desigualitarias más banales y sus efectos. Basta con observar las prácticas de cada uno de nosotros para advertir que, más allá de la oposición del 1% de los más ricos y los demás, elegimos con frecuencia desigualdades sociales en la medida en que no ofendan nuestros principios democráticos, e incluso cuando estos las legitiman.
Francois Dubet, "¿Por Qué Preferimos la Desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"
El crecimiento de las desigualdades sociales a lo largo de un extenso período y en una gran cantidad de países fue materia de análisis para muchos economistas. Esos trabajos son tanto más creíbles ya que sus autores no tienen fama de "izquierdistas" (ni menos aún de marginales). Todos ello ponen de manifiesto la concentración de la fortuna en el grupo del 1% y, más aún, del 0,1% más rico.(...)
De hecho, según muestra Joseph Stiglitz, los más ricos someten a los gobiernos a sus intereses mediante la presión de los lobbies y el peso de una ideología neoliberal que induce a pensar que la fortuna de los ricos es buena para todos. Es cierto que lo es para la industria del lujo, mientras el desempleo se afianza, los salarios no aumentan y, como a comienzos del siglo XX, se desarrolla una clase de trabajadores pobres a quienes el trabajo no arranca de la miseria.
Thomas Piketty esboza un panorama de las desigualdades tan impresionante como el de Stiglitz. Los "superejecutivos" pudieron negociar salarios treinta veces más altos que los de sus asalariados peor pagos. En tanto que Henry Ford, de quien no puede decirse que fuera un demócrata, quería que los directivos de sus fábricas ganaran cuatro veces el salario de un obrero, hoy esa brecha se multiplicó por diez, y a menudo por mucho más. Pero la tendencia más espectacular es el retorno de la renta. Las colocaciones financieras prudentes, cuyas tasas de rentabilidad crecen más cuanto más elevadas son las sumas invertidas, tienen claramente un mayor rendimiento que el trabajo. Como en tiempos de Balzac y como en la "Belle Époque", es mejor heredar que trabajar, y nos acercamos a los índices de desigualdad de esa época, que sólo fue bella para los rentistas(...)
Sin embargo, explicar el crecimiento de las desigualdades por las "leyes" de la economía no puede funcionar como excusa para renunciar a la lucha contra las prácticas desigualitarias más banales y sus efectos. Basta con observar las prácticas de cada uno de nosotros para advertir que, más allá de la oposición del 1% de los más ricos y los demás, elegimos con frecuencia desigualdades sociales en la medida en que no ofendan nuestros principios democráticos, e incluso cuando estos las legitiman.
Francois Dubet, "¿Por Qué Preferimos la Desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"
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sábado, 19 de diciembre de 2015
(música de fondo para este post: "Vete de Mi", de Homero y Virgilio Expósito por Caetano Veloso)
La situación por la cual uno no puede escaparse ni de su cuerpo ni de su mente ni de su alma es sumamente injusta.
Así, tengo que presenciar como mis novias, mis amigos, mis amantes, mis parientes, mis mascotas, en fin, todos me dejan mientras yo, que quisiera poder huir de mi como ellos, debo quedarme aquí, conmigo, para siempre.
La situación por la cual uno no puede escaparse ni de su cuerpo ni de su mente ni de su alma es sumamente injusta.
Así, tengo que presenciar como mis novias, mis amigos, mis amantes, mis parientes, mis mascotas, en fin, todos me dejan mientras yo, que quisiera poder huir de mi como ellos, debo quedarme aquí, conmigo, para siempre.
Por un Imaginario de la Fraternidad
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domingo, 15 de noviembre de 2015
(música de fondo para este post: "Los Hermanos", de Atahualpa Yupanqui por Mercedes Sosa)
Los movimientos políticos que se remiten a la igualdad de unos y la exclusión de otros mediante la recomposición de un imaginario comunitario arcaico nos obligan a definir nuevas políticas de solidaridad. Esas políticas (...) no deben tampoco ignorar que la igualdad implica un imaginario de la fraternidad. Es imperativo no abandonar el tema de la fraternidad en manos de los enemigos de la igualdad o los enemigos de la democracia (...)
En una sociedad plural donde las culturas y los individuos esperan que se los reconozca como autónomos y singulares, es imprescindible construir los espacios y las escenas que nos permitan decir lo que tenemos en común, a fin de aceptar nuestras diferencias. Sin ese trabajo, nada nos protegerá del peor de los escenarios: la alianza del conservadurismo cultural y el liberalismo económico, como preparación para el retorno de unas desigualdades sociales que creíamos desaparecidas para siempre.
Francois Dubet, "¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"
Los movimientos políticos que se remiten a la igualdad de unos y la exclusión de otros mediante la recomposición de un imaginario comunitario arcaico nos obligan a definir nuevas políticas de solidaridad. Esas políticas (...) no deben tampoco ignorar que la igualdad implica un imaginario de la fraternidad. Es imperativo no abandonar el tema de la fraternidad en manos de los enemigos de la igualdad o los enemigos de la democracia (...)
En una sociedad plural donde las culturas y los individuos esperan que se los reconozca como autónomos y singulares, es imprescindible construir los espacios y las escenas que nos permitan decir lo que tenemos en común, a fin de aceptar nuestras diferencias. Sin ese trabajo, nada nos protegerá del peor de los escenarios: la alianza del conservadurismo cultural y el liberalismo económico, como preparación para el retorno de unas desigualdades sociales que creíamos desaparecidas para siempre.
Francois Dubet, "¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario)"




